En pocas palabras
Japón enviará una nave a las dos pequeñas lunas de Marte para averiguar cómo se formaron. La nave estudiará ambas y recogerá una muestra de Fobos para traerla a la Tierra en 2031. Ese material podría ayudar a entender mejor la historia de Marte y de los planetas cercanos.
Dos lunas pequeñas, grandes preguntas
Fobos y Deimos son diminutos en comparación con la Luna terrestre: Fobos mide unos 22 kilómetros de un extremo a otro, mientras que Deimos tiene cerca de 13 kilómetros de diámetro. Pero su tamaño no reduce su interés científico. Ambos forman parte del entorno de Marte y podrían conservar pistas de acontecimientos ocurridos hace miles de millones de años, en los primeros tiempos del sistema solar.
El origen de estas lunas sigue siendo un misterio. Una posibilidad es que un gran impacto contra Marte lanzara fragmentos del planeta al espacio y que estos se agruparan hasta formar ambas lunas. Otra hipótesis propone que eran asteroides antiguos que se acercaron a Marte y quedaron atrapados por su gravedad. Las imágenes y observaciones a distancia no bastan para resolver la incógnita, así que estudiar el suelo y analizar una muestra será fundamental.
La respuesta podría revelar mucho más que la historia de Fobos y Deimos. Saber si son restos de Marte o cuerpos llegados desde otro lugar ayudaría a comprender una etapa temprana de los planetas rocosos interiores, cuando el agua y los compuestos orgánicos quizá llegaron a mundos como la Tierra. La NASA participa en la misión con un instrumento científico, una demostración tecnológica y apoyo en las comunicaciones; también financia a científicos estadounidenses que forman parte del equipo.
Un largo viaje hasta Marte
La nave no llegará a las cercanías de Marte justo después del lanzamiento: el plan prevé que alcance el sistema marciano en agosto de 2027. Aproximadamente un mes más tarde, entrará en órbita alrededor de Fobos. Desde allí observará ambas lunas y recopilará datos durante unos 18 meses. Esta etapa permitirá conocer mejor el entorno de Fobos y preparar la fase más delicada: acercarse a su superficie.
La fecha del lanzamiento también refleja uno de los retos de la misión. La Tierra y Marte solo se alinean favorablemente para los viajes entre planetas cada 26 meses, aproximadamente. MMX debía partir en 2024, pero unos problemas relacionados con el cohete H3 impidieron el lanzamiento. Al perderse aquella oportunidad, hubo que esperar a la siguiente ventana: no bastaba con volver a preparar la nave.
Un robot ligero en un mundo de gravedad débil
A principios de 2029, la nave desplegará en Fobos un pequeño robot franco-alemán llamado IDEFIX. Tiene una masa de unos 25 kilogramos, pero, debido a la débil gravedad de la luna, su peso en la superficie equivaldrá al de apenas 15 gramos en la Tierra. Esta diferencia muestra hasta qué punto trabajar en Fobos será distinto de hacerlo en nuestro planeta o en un cuerpo celeste más grande.
IDEFIX tendrá dos tareas relacionadas. Examinará la composición y la textura del suelo de Fobos, y reunirá información útil para planificar el descenso de la nave principal y la recolección de muestras. Saber qué tipo de terreno encontrará la nave y si es firme o escarpado ayudará a preparar una operación que exige acercarse a un cuerpo pequeño, con muy poca gravedad.
Una vez que haya estudiado ambas lunas desde la órbita y el robot haya completado su trabajo, la misión planea hacer aterrizar la nave principal en Fobos en 2030. Su objetivo es recoger al menos diez gramos de material de la superficie. Puede parecer poco, pero sería una muestra directa de un mundo del que nunca se han traído materiales a la Tierra. Así, los científicos podrían estudiarla de formas que las observaciones a distancia no permiten.
De Fobos a los laboratorios de la Tierra
Después de recoger la muestra, la nave emprenderá el viaje de regreso. Según el calendario previsto, la cápsula con el material aterrizará en la Tierra en 2031. Los científicos podrán buscar en él indicios sobre la historia y la evolución de Fobos, y poner a prueba las dos hipótesis sobre su origen. Comparar la muestra con lo que se sabe de Marte y de otros cuerpos pequeños del sistema solar también permitirá entender mejor el lugar que ocupa esta luna en la historia del sistema.
La ventaja de traer una muestra es que los investigadores no tendrán que limitarse a los datos recogidos por la nave cerca de Marte. El material podrá analizarse una y otra vez y ser estudiado por científicos de todo el mundo, con distintos métodos y enfoques. Aun así, el éxito depende de completar una larga serie de etapas: el lanzamiento, la llegada a Marte, el trabajo en órbita, el despliegue del robot, el aterrizaje, la recolección y, finalmente, el regreso de la cápsula a la Tierra.
La experiencia japonesa en el regreso de muestras espaciales
Japón ya ha traído muestras del espacio. La misión Hayabusa regresó a la Tierra en 2010 con material del asteroide Itokawa, y diez años después Hayabusa 2 trajo muestras del asteroide Ryugu. Estas experiencias son un antecedente importante para MMX, aunque llegar a Fobos plantea un reto distinto: alcanzar una luna de Marte, trabajar cerca de su superficie y después emprender el viaje de regreso.
El lanzamiento previsto será el comienzo de un programa que durará años, no el final de la historia. Primero, la nave tendrá que dejar la Tierra sin problemas; luego, completar su largo viaje y realizar operaciones precisas alrededor de Fobos. Cada etapa dependerá de la información que envíe la misión, hasta que la muestra llegue a nuestro planeta y comience su análisis.
Conclusión
MMX busca resolver una pregunta fundamental: ¿se formaron Fobos y Deimos con material expulsado de Marte tras un impacto, o son asteroides atrapados por la gravedad del planeta? La misión comenzará con un lanzamiento desde Japón y continuará con observaciones desde la órbita, el despliegue de un robot en Fobos y la recolección de una muestra que debería llegar a la Tierra en 2031. Si todo sale según lo previsto, el material ayudará a comprender la historia de las dos lunas, la de Marte y quizá también las condiciones en que se formaron los planetas rocosos cercanos al Sol.