En pocas palabras
Un virus conocido por afectar a animales fue detectado en un hombre en Francia que murió tras sufrir una inflamación grave del cerebro. Por ahora no hay señales de que se contagie entre personas ni de que esté causando un brote. Aun así, el caso recuerda que es importante vigilar los virus que pueden pasar de animales o insectos a las personas, sobre todo si sus defensas están muy debilitadas.
Un caso excepcional, seis décadas después del descubrimiento del virus
El virus Shuni se detectó por primera vez en vacas de Nigeria en 1965 y, desde entonces, se lo ha relacionado principalmente con enfermedades animales. El caso francés es, según la información disponible, la primera infección humana documentada y también la primera muerte conocida atribuida al virus. El informe médico, publicado en la revista Eurosurveillance, pone el foco no solo en los riesgos conocidos para los animales, sino también en la posibilidad de que el virus infecte a seres humanos. Sin embargo, el caso no demuestra que esas infecciones sean frecuentes.
El paciente era un hombre de 61 años que recibía tratamiento contra la leucemia en un hospital civil de Lyon. Se había sometido a un trasplante de células madre, un procedimiento que puede dejar las defensas del organismo muy debilitadas. Desarrolló encefalitis, es decir, inflamación del tejido cerebral, y luego presentó síntomas neurológicos, entre ellos ceguera y confusión. Los autores del informe consideran probable que el virus causara esos síntomas.
Su estado empeoró y entró en coma. Murió el 9 de octubre de 2026, después de que se retirara el soporte vital. Este informe por sí solo no permite sacar conclusiones sobre lo que ocurriría en otras personas, pero muestra que una infección poco común puede ser muy peligrosa si afecta a alguien con el sistema inmunitario gravemente debilitado. Además, que sea la primera muerte conocida no significa que todas las infecciones por el virus vayan a ser mortales: la información sobre casos humanos sigue siendo muy escasa.
¿Cómo pasó el virus del ganado a una persona?
Las primeras pruebas apuntan a unos insectos pequeños que se alimentan de sangre, conocidos como jejenes picadores y pertenecientes al género Culicoides. Los ministerios de Salud y Agricultura de Francia sospechan que el hombre se infectó por la picadura de un insecto en el este del país, donde se ha detectado el virus en varios animales. Los resultados franceses también se comunicaron a la Organización Mundial de la Salud y al Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades.
Aún se investiga cómo llegó el virus al paciente, y la información disponible no indica que se haya contagiado de otra persona. Gregory Destra, especialista en virología clínica de un hospital de Lyon y uno de los autores del informe, destaca que las pruebas actuales no sugieren que Shuni vaya a propagarse más entre las personas. También plantea una posible explicación: el virus quizá entró en el organismo semanas antes de que aparecieran los síntomas neurológicos y siguió multiplicándose durante un periodo de incubación relativamente largo.
Esta posibilidad ayuda a entender por qué puede ser difícil vincular una encefalitis inusual con un virus específico. Puede transcurrir un tiempo entre la posible picadura y el comienzo de la enfermedad, y los síntomas pueden parecerse a los de otros trastornos. Esto es especialmente cierto en una persona que recibe tratamiento contra la leucemia y ha pasado por un trasplante de células madre. Por eso, un solo caso no basta para establecer cómo se produjo el contagio ni para calcular qué tan probable es que vuelva a ocurrir.
Un virus animal que puede infectar a varias especies
Shuni no afecta únicamente a las vacas: también se ha detectado en ovejas, cabras, caballos y alpacas. Sus efectos en los animales varían y pueden incluir fiebre, diarrea y una menor producción de leche. Aunque puede infectar a distintas especies, no parece propagarse con facilidad entre animales y, por lo general, no es mortal para los adultos. El riesgo es mayor para los animales preñados: el virus puede llegar al feto y provocar un aborto, la muerte fetal o malformaciones congénitas.
El virus se ha registrado en algunos países de África y en Japón. Su presencia en Europa se notificó por primera vez durante el verano de este año. Los datos citados indican que se detectó en ganado de 14 países europeos. Además, a principios de año se identificaron dos grupos genéticos recientemente, llamados SHAV-EU1 y SHAV-EU2. Las pruebas genéticas muestran que el primero, SHAV-EU1, dejó rastros en muestras de líquido que rodea el cerebro y la médula espinal, así como en la orina, la saliva y otras muestras del hombre fallecido.
Seguir la pista de estas variantes genéticas no es solo una cuestión de clasificación. Comparar el material genético del virus encontrado en animales, insectos y muestras humanas podría ayudar a comprender cómo se propaga y qué cambios ha experimentado. Aun así, encontrar una variante en una muestra humana no permite saber por sí solo dónde ni cuándo se produjo la exposición, y tampoco demuestra que exista un contagio sostenido entre personas. Para responder a esas preguntas hacen falta muchos más datos que los que ofrece un caso aislado.
¿Qué sabemos sobre la posibilidad de que se propague?
Shuni pertenece al grupo Simbu y al género Orthobunyavirus. En ese mismo grupo y género se encuentra el virus Oropouche, también conocido como «fiebre del perezoso». Entre 1960 y 2025, se lo relacionó con alrededor de 9,4 millones de infecciones humanas en América Latina y el Caribe. El ejemplo muestra que algunos virus emparentados en la clasificación pueden causar una carga importante de enfermedad en las personas. Pero no significa que Shuni vaya a seguir el mismo camino: compartir una clasificación no implica tener la misma capacidad de infectar a los seres humanos o propagarse entre ellos.
Natasha Tilston-Lunel, especialista en virología de la Indiana University School of Medicine, señala que estas comparaciones deben hacerse con cautela. Como ejemplo, menciona el virus Schmallenberg, cercano a Shuni y muy extendido entre el ganado, pero que no se conoce como causante de infecciones humanas. A partir de los datos actuales, considera que el riesgo de infección humana por Shuni también podría ser limitado. Tilston-Lunel no participó en la elaboración del nuevo informe.
Sin embargo, que las infecciones parezcan poco frecuentes no resuelve la cuestión, sobre todo si la vigilancia de los casos humanos es incompleta. Algunas encefalitis en personas con las defensas debilitadas podrían quedar sin explicación, y quizá no se hagan pruebas para buscar virus inesperados. Martin Beer, veterinario y virólogo del Friedrich-Loeffler-Institut de Alemania, señala que se han producido encefalitis sin causa identificada en personas inmunodeprimidas infectadas por otros virus del género Orthobunyavirus, como el virus Jamestown Canyon y el virus Cache Valley.
Los insectos y el clima, piezas del ciclo de contagio
Los virus del grupo Simbu se transmiten principalmente por jejenes picadores. Beer explica que estos insectos pueden propagar la infección con rapidez, especialmente en verano y otoño, cuando las condiciones favorecen su actividad. En invierno, el ciclo de transmisión disminuye porque quedan muy pocos jejenes. Además, según Beer, cuando la temperatura baja de unos 12 grados Celsius, el virus no puede multiplicarse con eficacia.
La estacionalidad ayuda a explicar por qué algunos virus aparecen en nuevas zonas y en qué épocas conviene concentrar la vigilancia. Pero no basta para determinar el riesgo para las personas. Que el insecto transmisor y el virus estén presentes en una misma zona no significa automáticamente que haya infecciones humanas. Del mismo modo, detectar un solo caso no demuestra que los insectos contagien a las personas de forma repetida. Un portavoz del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades afirma que todavía hace falta aclarar cómo se transmite el virus y qué papel desempeñan los insectos en las infecciones humanas.
¿Por qué es importante vigilarlo ahora?
La primera prioridad científica es averiguar si el caso francés fue una rareza o si hubo infecciones menos graves que pasaron inadvertidas. Destra propone analizar muestras antiguas que se conservaron de personas inmunodeprimidas en Francia para buscar rastros del virus que pudieran revelar infecciones no detectadas en su momento. Este enfoque podría ayudar a estimar cuántas personas estuvieron expuestas, aunque depende de que existan muestras adecuadas y de contar con pruebas capaces de distinguir Shuni de virus cercanos.
También es importante ampliar la vigilancia de los animales —incluido el ganado y los fetos de animales que sufrieron abortos— y seguir de cerca a los insectos transmisores. Analizar únicamente a los animales quizá no revele todas las etapas del ciclo del virus. En cambio, detectarlo en los jejenes podría ayudar a identificar dónde está presente y cuándo se produce la transmisión. El análisis del material genético en muestras humanas también permitiría determinar si hay vínculos entre los virus encontrados en personas y animales, o si aparecen cambios que requieran un seguimiento más estrecho.
Tilston-Lunel propone además reunir más información sobre los anticuerpos contra Shuni en las personas. Encontrarlos podría indicar que alguien estuvo expuesto al virus, aunque su enfermedad nunca se haya registrado como una infección por Shuni. Si se confirma que hubo exposición humana en el pasado, esos datos ayudarían a distinguir entre una infección rara que normalmente no causa síntomas claros y un riesgo más grave concentrado en ciertos grupos, como las personas inmunodeprimidas. Por ahora no hay vacunas que protejan contra Shuni ni a los animales ni a las personas.
Todas estas medidas sirven para vigilar y comprender el virus; no son una señal de que sea inminente una epidemia humana. La evaluación científica actual no encuentra indicios de que esté aumentando su propagación entre las personas, pero tampoco permite descartar que haya infecciones sin detectar o que el nivel de riesgo cambie a medida que se amplíe la vigilancia. En este caso, es importante distinguir entre una posibilidad y un hecho: el virus se conoce en animales, pero lo que sabemos de su comportamiento en seres humanos se basa todavía en un solo caso documentado.
Conclusión
La muerte de un hombre de 61 años en Francia reveló la primera infección humana conocida por el virus Shuni, después de décadas en que se lo asociaba con animales e insectos transmisores. El caso estuvo relacionado con una encefalitis mortal, pero por ahora no hay pruebas de que el virus se propague entre personas ni de que esté causando un brote amplio. Averiguar cómo se produjo la exposición, analizar muestras antiguas de personas inmunodeprimidas y vigilar a los jejenes, los animales y los cambios genéticos será fundamental para saber si se trató de un caso excepcional o de una señal temprana de un riesgo que hasta ahora no se había detectado.