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La gran corriente del Ártico se debilita a toda velocidad: ¿qué puede pasar ahora?

En pocas palabras

Los fuertes vientos que circulan alrededor del Polo Norte se han debilitado mucho y podrían cambiar de dirección durante unos días en noviembre. Eso podría influir en el tiempo de las semanas siguientes, pero no significa que vaya a llegar una ola de frío o una gran nevada. Los científicos todavía necesitan confirmar el cambio y averiguar si sus efectos llegarán hasta la superficie.

Una caída rápida en la velocidad del viento

Los datos de la serie GEOS-FP, de NASA Ozone Watch, permiten medir con claridad este cambio. El 25 de octubre de 2026, la velocidad media diaria del viento a 60 grados de latitud norte y en el nivel de presión de 10 hectopascales fue de 22,13 metros por segundo, equivalentes a 49,5 millas por hora. Ocho días después, el 2 de noviembre, había caído a 5,44 metros por segundo, o 12,2 millas por hora.

En ese periodo, los vientos perdieron cerca de tres cuartas partes de su velocidad. Eso no quiere decir que ya se hubieran detenido: todavía soplaban de oeste a este, pero mucho más débilmente. La caída destaca aún más al compararla con el registro climático de la misma serie. El promedio entre las temporadas 1978/79 y 2025/26 para esa fecha es de 25,62 metros por segundo, o 57,3 millas por hora. Hasta ahora, la cifra más baja registrada para un 2 de noviembre era de 13,68 metros por segundo, equivalentes a 30,6 millas por hora.

Así, la medición del 2 de noviembre no solo quedó muy por debajo del promedio habitual: también descendió por debajo del mínimo anterior que muestra el registro para ese día. Aun así, hay que distinguir entre lo que ya se observó y lo que pronostican los modelos. Los datos confirman que los vientos se debilitaron, pero, hasta el 5 de noviembre, los análisis disponibles todavía no confirmaban que hubieran cambiado de dirección.

¿Qué está desestabilizando el vórtice?

El vórtice polar no es un objeto separado, sino una extensa circulación de aire frío sobre el Polo Norte. Suele estar rodeado por fuertes vientos del oeste, que ayudan a mantener el aire más frío dentro de la región polar. Sin embargo, las grandes ondas atmosféricas que ascienden desde las capas inferiores pueden interactuar con esa circulación, estirarla o desplazarla y debilitar los vientos que la rodean.

El 4 de noviembre, el Met Office del Reino Unido describió el vórtice como inusualmente alargado y señaló que dos ondas atmosféricas intensas lo estaban afectando desde direcciones opuestas. Al mismo tiempo, aumentó la temperatura sobre el Ártico, y los pronósticos indicaron que el vórtice podría alejarse aún más de su posición habitual. Ese aumento de temperatura no significa que en la superficie del Ártico hiciera calor como lo sentirían las personas: se refiere a cambios de temperatura en las capas altas de la atmósfera, donde el calentamiento puede debilitar la circulación que rodea la región.

La imagen general coincide en varios modelos, pero todavía hay diferencias sobre la trayectoria y la duración del fenómeno. Algunos conjuntos de pronósticos del European Centre for Medium-Range Weather Forecasts indicaron que el valor medio del viento podría caer brevemente por debajo de cero durante la segunda semana de noviembre. El Met Office describió el posible cambio de dirección como breve y relativamente débil, y señaló que aún no se sabe si se cumplirán las condiciones necesarias para clasificarlo como un evento principal.

¿Cuándo se considera que hay un calentamiento súbito estratosférico mayor?

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, utiliza un criterio específico para identificar un calentamiento súbito estratosférico mayor, conocido por sus siglas en inglés: SSW. No basta con que los vientos se debiliten, ni es suficiente por sí solo que aumente la temperatura en las capas altas de la atmósfera. El criterio principal es que el promedio diario del viento, calculado a lo largo del paralelo de 60 grados de latitud norte y a 10 hectopascales, cambie de oeste a este entre noviembre y marzo.

Este detalle ayuda a interpretar los titulares sobre los pronósticos. El valor de 5,44 metros por segundo registrado el 2 de noviembre indica un debilitamiento considerable, pero sigue siendo positivo: los vientos todavía no habían cambiado de dirección. En cambio, el pronóstico de que los valores podrían ser negativos entre el 9 y el 11 de noviembre, según la serie de NASA Ozone Watch, apunta a un posible cambio hacia vientos del este. La serie preveía que los vientos del oeste regresarían el 12 de noviembre, de modo que, si se produce, el cambio de dirección sería breve.

NOAA también aplica reglas para decidir cuándo termina un evento y empieza otro en el registro de calentamientos. Entre dos eventos, los vientos deben volver a soplar de oeste a este durante 20 días consecutivos y mantenerse en esa dirección al menos 10 días antes del 30 de abril. Estas reglas evitan contar fluctuaciones cercanas entre sí como eventos independientes y permiten comparar las temporadas con un método uniforme.

Según la guía de NOAA, que incluye datos de reanálisis hasta 2023, el registro muestra un evento ocurrido el 30 de noviembre de 1958, de acuerdo con el análisis NCEP-NCAR. También incluye otro evento en noviembre de 1968, aunque su fecha de inicio varía entre el 27 y el 29 de noviembre, según el producto de reanálisis utilizado. Si se confirma que el cambio de dirección de la segunda semana de noviembre de 2026 cumple los criterios, ocurriría más de dos semanas antes que los eventos de noviembre incluidos en esa guía. La comparación se limita a ese registro específico; no implica que abarque todas las observaciones históricas posibles.

Un pronóstico importante, pero todavía sin confirmar

Las estimaciones de Estados Unidos cambiaron ligeramente entre finales de octubre y comienzos de noviembre. En el análisis para las semanas tercera y cuarta, publicado por el Climate Prediction Center de Estados Unidos (CPC) a las 19:00 UTC del 30 de octubre, la situación se describió como una perturbación poco habitual del vórtice estratosférico en noviembre. Los pronósticos disponibles entonces indicaban que en alrededor de una semana podría producirse un cambio hacia un calentamiento súbito estratosférico mayor y que el índice de la Oscilación Ártica podría entrar en una fase negativa.

Sin embargo, la perspectiva mensual que el centro publicó a las 19:00 UTC del 31 de octubre fue más cautelosa: el paso a un evento de calentamiento súbito seguía siendo una posibilidad para la semana siguiente, no un hecho confirmado. Los cambios de circulación asociados con estos eventos pueden mantener sus efectos hasta por dos meses, pero tanto la duración como las consecuencias varían de un caso a otro. Por eso, no se debe tratar un escenario previsto por algunos miembros de los conjuntos de pronóstico como si ya estuviera decidido.

La Oscilación Ártica es un patrón amplio que describe las diferencias de presión y circulación entre las regiones polares y las latitudes medias. En algunos casos, su fase negativa ha coincidido con cambios que favorecen que el aire frío avance hacia el sur en ciertas zonas, pero no es un interruptor que determine por sí solo el tiempo. Una señal de fase negativa tampoco indica automáticamente qué regiones se verán afectadas, ni cuándo ni con qué intensidad.

Por qué la señal no anuncia frío en todas partes

El fenómeno empieza en la estratosfera, una capa situada por encima de aquella donde se producen la mayoría de los fenómenos cotidianos que afectan directamente al tiempo. Para que sus alteraciones influyan en la superficie, sus efectos deben propagarse hacia la troposfera, la capa inferior de la atmósfera. Esa propagación puede ocurrir, debilitarse o retrasarse, y además coincide con otros patrones meteorológicos. Por eso, una medición del viento a 10 hectopascales no basta para pronosticar nieve o una ola de frío en una ciudad concreta.

El Met Office calcula que los posibles efectos descendentes desde la estratosfera suelen manifestarse en un plazo de alrededor de 2 a 6 semanas. Es un intervalo amplio y no significa que el efecto vaya a llegar con seguridad ni que adopte una única forma. En Europa, si se confirma un calentamiento súbito estratosférico mayor, aumenta la posibilidad de que después cambie el patrón de circulación, pero eso no permite asegurar que habrá frío o nieve. El resultado dependerá de si la perturbación llega a las capas inferiores y de las condiciones atmosféricas que encuentre al hacerlo.

Una evaluación publicada en 2026 por Environment and Climate Change Canada indica que los patrones posteriores a estos eventos suelen parecerse a la fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte y pueden relacionarse con condiciones más cálidas de lo habitual en el este de Canadá. Esto ayuda a entender por qué la respuesta no es igual en todas partes: una misma señal puede estar asociada con condiciones diferentes en distintas regiones, según dónde se encuentren los centros de presión y cuáles sean las rutas de los vientos en ese momento.

Los pronósticos para Estados Unidos y las señales en competencia

El CPC señaló que la posibilidad de un calentamiento y de una fase negativa de la Oscilación Ártica añade incertidumbre a las previsiones para el comienzo del invierno en Estados Unidos. Estos factores pueden competir con patrones relacionados con El Niño, sobre todo en el este del país. En su análisis de ENSO, publicado el 8 de octubre, el centro indicó que El Niño seguía fortaleciéndose y que había una probabilidad superior al 83 % de que se mantuviera fuerte o muy fuerte entre enero y marzo de 2027.

Aun así, el pronóstico estacional publicado el 15 de octubre no convirtió la posible señal de la estratosfera en una predicción general de frío. El CPC consideró más probables las temperaturas superiores a lo habitual en amplias zonas, entre ellas el este de Alaska, la franja norte y el tercio occidental de los estados contiguos de Estados Unidos, el sur de Florida, el valle de Ohio y la región del Atlántico medio. Además, para el periodo del 14 al 27 de noviembre mantuvo mayores probabilidades de temperaturas por encima del promedio a lo largo de buena parte de la costa oeste y de la franja norte.

En otras palabras, el centro considera que la perturbación del vórtice es uno de varios factores, no una señal aislada que anule la influencia de los demás. Incluso si los vientos cambian de dirección, sus consecuencias dependerán de cómo interactúe el patrón con El Niño y con la circulación atmosférica de las semanas siguientes. Por eso, el CPC no presentó el posible evento como prueba de que se aproxima una ola de frío extensa en Estados Unidos. Las instituciones mencionadas tampoco pronosticaron la llegada de aire frío a toda Europa.

Qué conviene observar en los próximos días

El primer paso es comprobar si el valor medio del viento a 60 grados de latitud norte y 10 hectopascales llega a ser realmente negativo, en lugar de basarse solo en los pronósticos de los modelos. Después surgen otras preguntas: ¿cuántos días duraría el cambio de dirección? ¿Volverían pronto los vientos del oeste, como prevé la estimación de NASA Ozone Watch para el 12 de noviembre? ¿Y las señales de la estratosfera se propagarían hasta la troposfera lo suficiente como para cambiar los patrones del tiempo en la superficie?

También es importante comparar los pronósticos de los modelos con lo que se observe después. Algunos miembros del conjunto del modelo ECMWF pueden apuntar a un cambio de dirección, mientras que el Met Office describe el escenario posible como limitado y breve. Esa diferencia en el grado de confianza no significa necesariamente que una institución esté describiendo un fenómeno distinto: refleja lo difícil que es determinar si el debilitamiento superará el umbral, cuánto durará el cambio de dirección y si persistirá lo suficiente como para dejar efectos observables en las capas bajas de la atmósfera.

La comparación con los eventos de 1958 y 1968 ayuda a poner en contexto el posible momento del fenómeno de noviembre de 2026. Sin embargo, el registro utilizado llega hasta los datos de reanálisis de 2023 y aplica reglas específicas para seleccionar los eventos. Por eso, no se debe extender la comparación hasta convertirla en una afirmación general sobre todas las observaciones históricas. Lo más relevante son las cifras observadas y lo inusual que sería el posible momento según esa guía, no afirmar que ya se estableció un récord absoluto.

Conclusión

La velocidad de los vientos del vórtice polar bajó de 22,13 metros por segundo el 25 de octubre a 5,44 metros por segundo el 2 de noviembre de 2026. Esta última cifra está por debajo del promedio climático de 25,62 metros por segundo y del mínimo anterior que muestra el registro para ese día, de 13,68 metros por segundo. Los pronósticos apuntan a un posible cambio de dirección breve entre el 9 y el 11 de noviembre, seguido del regreso de los vientos del oeste el 12 de noviembre. Sin embargo, al 5 de noviembre, la observación todavía no confirmaba ese cambio.

Si se produce el cambio y cumple el criterio de NOAA a 60 grados de latitud norte y 10 hectopascales, podría tratarse de un calentamiento súbito estratosférico mayor más temprano que los eventos de noviembre incluidos en la guía hasta 2023. Pero esa clasificación científica no equivale a pronosticar directamente frío o nieve: los efectos pueden tardar alrededor de 2 a 6 semanas en llegar a las capas donde se desarrolla el tiempo cotidiano y también pueden verse influidos por factores como El Niño. El vórtice está experimentando una perturbación notable, pero todavía hacen falta más observaciones para saber qué tiempo podría seguirle.