En pocas palabras
En varios estados de Estados Unidos, los votantes apoyaron límites para que adolescentes trans participen en equipos deportivos escolares. La ciencia no demuestra que tengan una ventaja física general, y son pocos los deportistas afectados. Aun así, estas leyes pueden cambiar la vida cotidiana de algunos jóvenes y dificultar que reciban atención médica.
Del voto a las reglas de los equipos escolares
En Arizona, Colorado y Washington, los votantes aprobaron medidas —o todo indicaba que las aprobarían— para impedir que las chicas trans participen en equipos escolares acordes con su identidad de género. En Colorado también avanzaba una propuesta para prohibir ciertas cirugías de afirmación de género a menores. Aunque las medidas difieren en su alcance y sus detalles, todas sitúan la identidad del estudiante en el centro de las reglas que determinan quién puede participar.
Que una propuesta gane en las urnas no significa necesariamente que vaya a aplicarse de inmediato ni que entre en vigor tal como fue presentada. En Colorado, las dos medidas planteadas implican cambios legales que la legislatura estatal puede modificar antes de su entrada en vigor. El gobernador electo dijo que las restricciones merecen una revisión cuidadosa, por lo que tanto su redacción definitiva como su aplicación siguen siendo cuestiones abiertas en ese estado.
Este caso también muestra que el voto sobre un tema concreto no siempre coincide con la preferencia partidista expresada en otras elecciones. En Colorado, los demócratas ganaron el Senado estatal y la mayoría de los escaños de la Cámara de Representantes; además, sus candidatos ganaron las elecciones a gobernador y fiscal general. Sin embargo, también avanzaron las medidas que restringen los derechos de los jóvenes trans. Por eso, el resultado no puede interpretarse como un mandato político único y uniforme: una persona puede votar de una manera por los candidatos y de otra cuando se pronuncia directamente sobre una propuesta específica.
Unos números pequeños en medio de un debate enorme
Según las estimaciones citadas, alrededor de 300.000 jóvenes de entre 13 y 17 años se identifican como trans en Estados Unidos. De ellos, quizá un 40 % participe en deportes. Se trata de cálculos aproximados: no significa que todas esas personas compitan en situaciones donde se plantean los mismos criterios de elegibilidad, ni permite saber por sí solo cuántos casos resultarían realmente afectados por las nuevas reglas.
La presencia de deportistas trans en el deporte universitario parece mucho menor que la magnitud del debate. A finales de 2024, la National Collegiate Athletic Association afirmó que había menos de diez deportistas trans entre más de 500.000 atletas. Después de una encuesta reciente, un representante de la asociación confirmó que actualmente no hay deportistas trans compitiendo en sus ligas femeninas. Estas cifras se refieren al deporte universitario: no deben confundirse con el número de adolescentes trans ni con las cifras de participación en todos los niveles del deporte escolar.
Que sean pocas las personas afectadas no significa que las decisiones carezcan de consecuencias para ellas. Cuando una norma general determina en qué equipo puede jugar un estudiante, su pertenencia al equipo escolar puede quedar sometida a cuestionamientos o disputas. Al mismo tiempo, las cifras de participación, por sí solas, no bastan para demostrar que exista o no una ventaja en cada deporte y nivel. La respuesta depende de la disciplina, del tipo de competencia y de las diferencias individuales, aspectos que no puede resumir una única estadística nacional.
¿Qué sabemos sobre el rendimiento deportivo?
La información científica sobre las posibles diferencias físicas de las mujeres trans en distintas competencias sigue siendo limitada y no ofrece conclusiones definitivas. Los estudios disponibles no demuestran que exista una ventaja inherente que se aplique a todas las mujeres trans, ni proporcionan una respuesta única válida para todos los deportes y grupos de edad. Convertir el debate político en una conclusión científica tajante, por tanto, va más allá de lo que permiten afirmar los datos actuales.
Para entender esos límites, conviene no tratar a los deportistas trans como si fueran un grupo homogéneo ni suponer que un resultado posible en una disciplina se traslada automáticamente a otra. Los deportes exigen distintas habilidades y formas de rendimiento, y los datos sobre adolescentes no necesariamente son comparables con los de adultos. Una evaluación rigurosa requiere pruebas pertinentes para la edad y el deporte en cuestión, no ideas generales sobre la justicia o la fuerza.
Estas lagunas de conocimiento no impiden establecer reglas para las competencias, pero sí exigen cautela y revisión al diseñar políticas amplias. Una decisión puede afectar las oportunidades de participación y el sentido de pertenencia en la escuela, mientras que el efecto deportivo de esas medidas sigue siendo objeto de debate. Por eso es importante separar dos preguntas que suelen mezclarse: cómo organizar una competencia en un caso concreto y qué consecuencias más amplias tiene excluir a un grupo entero por su identidad de género.
El deporte no es el único tema
En Colorado, la votación también estuvo vinculada con otra propuesta sobre las cirugías de afirmación de género para menores. La información disponible indica que las cirugías de pecho en menores son poco frecuentes y que las cirugías genitales en menores casi no se realizan. Por ello, no conviene presentar estas intervenciones como algo habitual entre los jóvenes ni confundirlas con otras formas de atención, que pueden incluir medicamentos o seguimiento médico.
Durante los dos años previos a la votación, la administración del presidente Donald Trump se opuso de manera sostenida a la atención de afirmación de género para jóvenes. Como resultado, muchos hospitales suspendieron servicios como los bloqueadores de la pubertad y la terapia hormonal, incluso en estados donde esa atención no estaba prohibida. Esto muestra que las consecuencias de las políticas no dependen únicamente del texto de una ley estatal: el clima político y las decisiones de las instituciones también pueden influir en la disponibilidad de los servicios.
Sin embargo, después de las elecciones, el futuro de este tema seguía sin estar claro. En distintas partes del país ganaron candidatos que habían expresado su apoyo a los jóvenes trans. Además, seis candidatos trans fueron elegidos para ocupar escaños en legislaturas estatales que nunca habían tenido representantes trans. Estos resultados no demuestran por sí solos que las leyes vayan a cambiar, pero sí revelan que el panorama político no avanza en una sola dirección y que los derechos y la representación de los jóvenes trans forman parte de la disputa política.
Entre el mensaje de los votantes y el efecto de las leyes
Quienes se oponen a las restricciones sostienen que someter estos asuntos a votación popular puede convertirlos en herramientas para movilizar votos, en vez de propiciar un análisis detallado de las pruebas y las consecuencias. Chase Strangio, responsable del proyecto sobre derechos de las personas LGBTQ y las personas con VIH de la American Civil Liberties Union, afirmó que los votantes rechazaron el discurso contra las personas trans utilizado para atacar a candidatos, pero al mismo tiempo aprobaron medidas que reducen sus derechos. También advirtió que el resultado de una votación concreta no debe considerarse automáticamente una justificación para endurecer las leyes.
Esta crítica señala una distancia entre el mensaje político que los candidatos pueden extraer de los resultados y lo que una norma significa para las personas a las que afecta. Que una medida electoral tenga éxito no responde, por sí solo, si los temores que la motivan están bien fundamentados o si las restricciones son proporcionales a los casos que buscan regular. Y describir un referéndum como expresión de la opinión popular no sustituye la revisión de las pruebas ni el análisis de sus consecuencias para estudiantes, familias y escuelas.
Por otra parte, los resultados estatales muestran que las cuestiones de género, deporte e igualdad preocupan a algunos votantes. Sin embargo, la atención política que reciben puede ser mucho mayor que el número de jóvenes sujetos a esas reglas, según las cifras disponibles sobre las personas trans de 13 a 17 años y la participación deportiva de una parte de ellas. Es importante distinguir entre el interés general que despierta un tema y la magnitud de la población a la que una política afecta en la práctica.
Conclusión
Los resultados de 2026 situaron los derechos de los jóvenes trans en el centro de un debate estadounidense donde se cruzan el deporte, la atención médica y la política. Varios estados respaldaron medidas que limitan la participación en equipos escolares, mientras que en Colorado avanzaba una propuesta sobre cirugías para menores, aunque algunas medidas todavía podían modificarse antes de su aplicación. Los datos muestran que hay muy pocos deportistas trans en las universidades y que las pruebas no confirman una ventaja física general, pero la información sobre cada deporte sigue siendo limitada. La importancia de estos resultados está en no confundir la preocupación política con una certeza científica: reglas que parecen generales pueden afectar de manera directa a un grupo pequeño de jóvenes, y su aplicación, las pruebas disponibles y los derechos en juego seguirán siendo objeto de debate.