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Ciudades que se hunden: el lento movimiento bajo nuestros pies

En pocas palabras

Muchas ciudades están bajando poco a poco, y en algunos lugares el suelo desciende varios centímetros al año. Una causa importante es extraer demasiada agua del subsuelo. Aunque este cambio puede dañar edificios y aumentar las inundaciones, algunas ciudades han logrado frenar el problema al reducir el bombeo y buscar otras fuentes de agua.

Una amplia investigación revela un problema mundial

Desde las calles, una ciudad puede parecer completamente inmóvil. Sin embargo, el terreno bajo los edificios y las carreteras puede desplazarse lentamente sin que sus habitantes lo noten. Las mediciones satelitales muestran que no se trata de un fenómeno aislado ni limitado a una sola ciudad: ocurre en distintas partes del mundo y merece atención, porque sus efectos se acumulan con el tiempo. En ciudades como Nueva Orleans, Ciudad de México, Yakarta y Roma, las mediciones registran hundimientos que pueden alcanzar varios centímetros al año.

Un estudio publicado en la revista Nature Cities ofrece una perspectiva amplia del fenómeno a partir de datos de radar recogidos por satélites entre 2014 y 2023. El análisis abarcó 465 zonas urbanas, cada una con más de un millón de habitantes. En vez de calcular un único promedio para cada ciudad, los investigadores examinaron áreas relativamente pequeñas, de un tamaño parecido al de unas cuantas casas. Así pudieron detectar diferencias entre distintos sectores de una misma ciudad.

El equipo de investigación incluyó a Lijun Wang y el estudio se publicó en línea el 12 de octubre de 2026. Los resultados muestran que el hundimiento del terreno es un problema urbano de alcance mundial, no una situación local que afecte a unas pocas ciudades. Un dato notable es que casi la mitad de las ciudades incluidas en el conjunto de datos no se había estudiado antes mediante radar satelital para analizar este fenómeno. Por tanto, el trabajo no solo amplía lo que se sabe de lugares ya conocidos: también aporta las primeras observaciones de zonas que hasta ahora habían quedado fuera de la investigación.

El hundimiento fue más marcado en el sudeste asiático, Asia occidental y central y América del Norte. También se observó en América del Sur y África, dos regiones que han recibido menos atención en los estudios sobre este tema. Por eso, que en algunas zonas haya menos casos estudiados no significa que el fenómeno no exista allí: puede deberse a la falta de mediciones disponibles, y no a lo que ocurre realmente bajo tierra.

Cómo detecta el radar un movimiento invisible

Los satélites toman imágenes de radar de un mismo lugar en distintos momentos. Después, los científicos comparan las señales que regresan. Si la altura de la superficie cambia, aunque sea muy poco, también varía el tiempo que tarda la señal en hacer el viaje de ida y vuelta. Al repetir las observaciones y comparar los resultados, es posible calcular cuánto se desplaza gradualmente el terreno. Estas mediciones pueden detectar cambios de apenas unos milímetros: una diferencia de alrededor de 1/25 de pulgada puede modificar el tiempo de retorno de la señal.

Esta técnica permite observar grandes áreas urbanas con suficiente detalle como para identificar que el terreno no se hunde igual en todos los barrios. Un promedio para toda la ciudad podría ocultar una zona que desciende más rápido que las áreas cercanas, o un sector cuyo movimiento difiere del de los barrios vecinos. Roland Bürgmann, geofísico de la University of California, Berkeley, describió el trabajo como una de las exploraciones más exhaustivas y sistemáticas del hundimiento del terreno en las ciudades. No participó en el estudio, pero su comentario destaca el valor de reunir mediciones de distintas partes del mundo en un mismo análisis.

Las imágenes de radar, por sí solas, no revelan que el terreno se hunda por la misma razón en todos los lugares. Permiten detectar el movimiento y señalar dónde cambia la superficie, pero para entender sus causas hay que tener en cuenta las condiciones locales, como el tipo de suelo y la forma en que se utiliza el agua. De ahí la importancia de combinar la observación desde el espacio con información sobre cada lugar: las imágenes muestran cómo se manifiesta el fenómeno y hasta dónde se extiende; los datos locales ayudan a entender qué lo provoca.

La presión de las ciudades sobre el agua subterránea

Hay varios factores que pueden hacer que el terreno bajo una ciudad descienda. En Nueva York, por ejemplo, el peso de los edificios puede comprimir el suelo blando que tienen debajo. Aun así, según el estudio y los expertos que explicaron sus resultados, la causa más común es extraer agua del subsuelo mediante bombeo. De ello dependen empresas de servicios de agua, industrias y otras actividades.

Podemos imaginar el agua subterránea como parte de un sistema que sostiene los granos del suelo y ocupa los espacios entre ellos, de manera parecida a como el aire mantiene el volumen de un cojín. Cuando se extrae agua, cambia el estado del suelo que la contenía. Las capas pueden comprimirse poco a poco y la superficie, como consecuencia, bajar. No necesariamente ocurre de golpe ni produce un descenso que se pueda ver en el momento: a menudo es un cambio gradual que las mediciones repetidas detectan antes de que sus efectos se conviertan en daños evidentes.

Por eso, el problema no depende únicamente de cuánta agua necesita una ciudad en un día. También importa de dónde obtiene el agua y cómo garantiza el suministro a largo plazo. Si las viviendas, los servicios públicos y las industrias dependen de bombear agua desde debajo de la ciudad, la demanda constante puede ejercer presión sobre el propio terreno. El caso de Nueva York muestra que el peso de la ciudad también puede contribuir al hundimiento, pero cada lugar tiene sus particularidades. No es correcto suponer que una sola explicación sirve para todas las ciudades del mundo.

El mayor riesgo está en las diferencias entre barrios

Que toda una ciudad descienda de manera parecida puede parecer menos peligroso que el hundimiento desigual de distintas zonas. Según Bürgmann, si toda la superficie urbana bajara de forma uniforme alrededor de una pulgada, no necesariamente sería un problema grave. En cambio, si un barrio se hunde más rápido que otro cercano, aparecen diferencias de altura y los edificios y otras estructuras soportan cargas y tensiones desiguales. Por eso no basta con preguntar cuánto se hunde una ciudad en total: también hay que saber en qué lugares ocurre y cuánto varía el movimiento entre unos y otros.

A medida que se acumulan las tensiones, pueden agrietarse los cimientos, dañarse las tuberías de alcantarillado o verse afectados los sistemas de metro. Los cambios en la altura del terreno también pueden agravar las inundaciones, ya que los barrios situados en zonas más bajas quedan más expuestos a la acumulación de agua. Estos daños no tienen por qué aparecer todos al mismo tiempo. El proceso puede empezar con un cambio lento y, después, volverse más difícil de manejar a medida que aumentan las diferencias entre las distintas partes de la infraestructura urbana.

Yakarta muestra de forma extrema cómo pueden combinarse el hundimiento del terreno y las inundaciones. El problema llegó a ser tan grave que Indonesia decidió construir una nueva capital en la isla de Borneo. Esto no significa que todas las ciudades amenazadas tengan que trasladarse, pero sí muestra cómo el hundimiento, al sumarse a otros riesgos, puede pasar de ser un proceso geológico lento a convertirse en un gran desafío para la planificación urbana y el futuro de una ciudad.

Ciudades que lograron frenar el hundimiento

Una vez que las capas del suelo se comprimen, recuperar la altura anterior puede ser muy difícil. Wang describe el hundimiento como un proceso acumulativo que, en gran medida, es complicado revertir. Pero eso no significa que las ciudades no puedan influir en su evolución: es posible detener el descenso, aunque el terreno no recupere automáticamente lo que ya perdió. Distinguir entre frenar el problema y restaurar la altura perdida es importante para fijar objetivos realistas en las políticas urbanas.

Tokio se enfrentó en el pasado a un hundimiento más rápido que el que experimentan hoy muchas ciudades. Según Manouchehr Shirzaei, geofísico de Virginia Tech y uno de los revisores del estudio, la ciudad consiguió frenar el problema al controlar la extracción de agua subterránea y cambiar a fuentes alternativas de agua superficial. La experiencia muestra que gestionar tanto la demanda como el origen del agua puede ser parte de la solución, en vez de tratar el hundimiento como algo inevitable.

En China, Beijing y la cercana ciudad de Tianjin dejaron de bombear agua subterránea y la sustituyeron por agua superficial transportada desde la cuenca del río Yangtsé. Tras ese cambio, el hundimiento se detuvo en algunas partes de la región. El resultado no demuestra que trasladar agua sea una opción adecuada para todas las ciudades, pero sí ofrece un ejemplo de cómo reducir la dependencia del agua subterránea puede cambiar el rumbo del problema en ciertos lugares.

La alerta temprana da margen para actuar

Una de las dificultades del hundimiento del terreno es que, como empieza lentamente, puede pasar más desapercibido que un peligro repentino, aunque sus efectos se acumulen con los años. Por eso, los mapas actualizados y las mediciones precisas tienen una utilidad práctica: ayudan a identificar qué barrios se están moviendo más rápido y permiten comprobar si las medidas adoptadas están reduciendo el hundimiento. Además, conocer las diferencias entre zonas permite prestar más atención a los lugares donde la infraestructura podría estar sometida a mayores tensiones.

Shirzaei considera que la mayoría de los lugares todavía dispone de tiempo suficiente para responder, pero aprovecharlo exige actuar. Un primer paso puede ser entender de dónde obtiene el agua la ciudad y vigilar los cambios del terreno. Después, es posible revisar las políticas de extracción y buscar alternativas adecuadas cuando existan. El estudio no ofrece una solución única para todas las ciudades, pero ayuda a dimensionar el fenómeno y demuestra que ignorar las mediciones no hará que desaparezca.

Contar con datos de 465 zonas urbanas, cada una con más de un millón de habitantes, también permite pasar de impresiones locales a comparaciones más amplias. Al estudiar ciudades de distintas regiones con el mismo método y durante el periodo comprendido entre 2014 y 2023, se puede observar que el hundimiento no sigue una sola frontera geográfica. Además, el hecho de que casi la mitad de las ciudades no se hubiera estudiado antes no quiere decir que el riesgo se limite a los lugares que ya se habían observado.

Conclusión

Las mediciones satelitales muestran que el hundimiento del terreno afecta a grandes ciudades de todo el mundo, desde Nueva Orleans, Ciudad de México, Yakarta y Roma hasta zonas de Asia, América del Norte, América del Sur y África. El estudio publicado en Nature Cities analizó datos de 465 zonas urbanas con más de un millón de habitantes cada una y registró los movimientos del terreno entre 2014 y 2023. En algunos lugares, el suelo desciende varios centímetros al año. El principal motivo de preocupación es que no todos los barrios se hunden al mismo ritmo: las diferencias pueden dañar edificios, redes de alcantarillado y sistemas de metro, además de aumentar el riesgo de inundaciones. Aunque recuperar la altura perdida puede ser muy difícil, las experiencias de Tokio, Beijing y Tianjin muestran que es posible frenar el descenso si se regula el bombeo de agua subterránea y se recurre a otras fuentes. El problema avanza despacio, pero detectarlo a tiempo ofrece a las ciudades una oportunidad real de actuar antes de que sus efectos se acumulen.