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El asteroide con cara de calavera que pasó junto a la Tierra en Halloween

En pocas palabras

En Halloween de 2015, un asteroide pasó cerca de la Tierra, aunque a una distancia segura. Las imágenes de radar tomadas poco antes mostraron una forma que a muchas personas les recordó a una calavera. Su historia muestra por qué es importante detectar y observar estos objetos con tiempo, incluso cuando no representan un peligro.

Una fecha inquietante y una distancia segura

El 31 de octubre de 2015, el asteroide conocido oficialmente como 2015 TB145 pasó por las cercanías de la Tierra. En el punto más próximo de su trayectoria, se encontraba a unos 300 mil millas, equivalentes a cerca de 483 mil kilómetros. Esa distancia es aproximadamente 1,3 veces la separación media entre la Tierra y la Luna. Fue un acercamiento notable en términos astronómicos, pero no supuso una amenaza para nuestro planeta.

Conviene distinguir entre decir que un objeto es «cercano a la Tierra» y afirmar que va a chocar con ella. La expresión describe la ubicación de su órbita en relación con la de nuestro planeta; no significa que una colisión sea inminente. En el caso de 2015 TB145, su punto de mayor acercamiento quedó más lejos que la distancia media a la Luna, y la trayectoria observada no indicaba ningún peligro para la Tierra.

La coincidencia con Halloween hizo que el asteroide recibiera apodos llamativos. NASA lo llamó «Gran Calabaza», y también se popularizó el nombre de «asteroide de Halloween». Sin embargo, esos sobrenombres no cambian lo que era: un asteroide que pasó por las proximidades de la Tierra. La supuesta calavera era una impresión visual provocada por la forma de su superficie en las imágenes de radar, no una señal de que se tratara de un objeto extraño o diseñado con forma humana.

Tres semanas entre su descubrimiento y su paso

Cuando se descubrió 2015 TB145, los astrónomos todavía no sabían qué aspecto tenía. Lo detectaron unas tres semanas antes de su acercamiento, desde el observatorio Pan-STARRS, en Hawái. Después recibió el nombre oficial que permite identificarlo en los registros de cuerpos menores. Hubo tiempo para seguir su trayectoria y organizar nuevas observaciones, pero el caso también muestra que detectar un objeto celeste no significa tener de inmediato una imagen clara de él.

Un observatorio que identifica un punto luminoso en movimiento puede confirmar que hay un objeto y seguir su posición. Para conocer detalles de su forma, sin embargo, hacen falta otros tipos de observación. En este caso, los rasgos que hicieron famoso al asteroide no se apreciaron hasta que el observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, obtuvo sus primeras imágenes de radar, el día anterior a Halloween. La impresión de que tenía forma de «calavera» surgió justo antes del paso cercano, no cuando se produjo el descubrimiento inicial.

La secuencia de los hechos ilustra que el estudio de los asteroides avanza por etapas: primero se detecta un objeto, luego se registra su movimiento, se mejora el cálculo de su trayectoria y, después, se emplean instrumentos adecuados para conocer algunas de sus características. Una sola imagen o una observación aislada no bastan para describirlo por completo. El seguimiento a lo largo del tiempo permite comprender hacia dónde se mueve y estimar a qué distancia pasará.

Cómo ayudó el radar a revelar su forma

Las imágenes de 2015 TB145 se obtuvieron mediante observaciones de radar, no con una fotografía convencional. El conjunto publicado incluía ocho imágenes de radar independientes, tomadas el 31 de octubre de 2015. Para las observaciones se utilizó la antena DSS-14 de Goldstone, en California, en colaboración con el telescopio Green Bank, en Virginia Occidental.

Las imágenes permitieron a los investigadores hacerse una idea de la forma del objeto, algo que no había sido posible en el momento de su descubrimiento. Desde el punto de vista de la cobertura periodística, pasar de un punto distante en el cielo a una forma relativamente definida fue lo que creó el efecto sorpresa: el nombre oficial no evocaba nada especial, pero las imágenes llevaron a muchas personas a pensar en una calavera. Aun así, no hay que confundir la comparación con una forma exacta ni con la de un objeto familiar en la Tierra. Se trata de una impresión basada en los datos de radar.

El caso también muestra que los distintos observatorios cumplen funciones diferentes. Pan-STARRS, en Hawái, ayudó a descubrir el asteroide semanas antes de su paso; las instalaciones de radar de Arecibo, Goldstone y Green Bank aportaron información adicional sobre su aspecto. No todos realizaron la misma tarea ni observaron el objeto al mismo tiempo: sus aportes se complementaron para ofrecer una mejor comprensión de un cuerpo que atravesaba una región cercana a la Tierra.

Por qué el paso llamó la atención de los especialistas

La importancia del asteroide no radicaba en que se acercara hasta convertirse en un peligro. Su paso sirvió, más bien, para recordar la necesidad de observar los objetos cercanos a la Tierra y el valor de detectarlos con anticipación. Cuanto antes se identifica un objeto y se sigue su movimiento, más tiempo tienen los observadores para reunir datos y mejorar los cálculos de su trayectoria. Si el descubrimiento ocurre tarde, queda menos margen para estudiarlo, aunque nada indique que vaya a chocar con nuestro planeta.

En 2015, NASA comparó el acercamiento de 2015 TB145 con el que se esperaba de otro asteroide, 1999 AN10. Según una estimación publicada entonces por el Jet Propulsion Laboratory de NASA, ese objeto medía alrededor de 2600 pies, es decir, cerca de 800 metros. Se esperaba que pasara a una distancia de aproximadamente una distancia lunar —unas 238 mil millas de la Tierra— en agosto de 2027. La comparación se refería a las previsiones sobre fechas y distancias disponibles en aquel momento; no anunciaba una amenaza confirmada.

Este ejemplo ayuda a entender que la expresión «paso cercano» no tiene un único significado. La cercanía depende del tamaño del objeto, de la distancia a la que pasa, del momento en que se detecta y de la precisión de la información disponible sobre su órbita. La mención de 1999 AN10 al hablar de 2015 TB145 estaba relacionada con el orden de los acercamientos conocidos y previstos entonces para objetos grandes, no con una semejanza entre ambos en su forma o trayectoria.

Vigilancia de los objetos cercanos a la Tierra

NASA trabaja, mediante su programa de observación de objetos cercanos a la Tierra, para encontrar estos cuerpos, registrarlos y seguir la trayectoria de algunos de ellos. A veces se hace referencia a estos esfuerzos de búsqueda como «Spaceguard». La idea central es reunir información sobre los objetos que pasan por las cercanías de nuestro planeta y calcular cómo se mueven a partir de las observaciones, en vez de considerar cada acercamiento como un hecho aislado.

El Minor Planet Center mantiene un catálogo de objetos cercanos a la Tierra, y los datos de observación sirven para actualizar lo que se sabe sobre sus posiciones y trayectorias. Que exista un catálogo no significa que se conozcan todos los objetos ni que todas las órbitas estén definidas con el mismo grado de certeza. Sí muestra por qué son útiles la organización y el seguimiento: al comparar las posiciones registradas a lo largo del tiempo, se puede entender mejor la dirección del movimiento y predecir dónde estará un objeto en el futuro.

Según la información disponible entonces sobre el programa, no se conocían amenazas de impacto fiables. Pero que en un momento dado no haya una amenaza conocida no vuelve imposible la existencia de un asteroide grande. Por eso continúa la búsqueda y la vigilancia. Es importante mantener ambas ideas en perspectiva: no hay que convertir una posibilidad general en una alarma, ni tomar la ausencia de un peligro confirmado como motivo para dejar de observar el cielo.

Un regreso lejano en 2018

2015 TB145 volvió a pasar por las proximidades de la Tierra el 11 de noviembre de 2018, pero esta vez no se acercó tanto como en 2015. Pasó a una distancia de alrededor de 24 millones de millas, o unos 38 millones de kilómetros. De acuerdo con el Jet Propulsion Laboratory, esa distancia equivale aproximadamente a una cuarta parte de la que separa la Tierra del Sol.

Este regreso muestra que decir que un asteroide «volvió» no significa que repitiera el mismo tipo de acercamiento. El mismo objeto puede pasar de nuevo por las cercanías de la Tierra, pero a una distancia muy distinta. El paso de 2018, mucho más lejano que el de Halloween, permite poner ambos episodios en contexto: el primero despertó interés por su cercanía relativa, la fecha y su aspecto; el segundo ocurrió a mucha más distancia y no se pareció al acercamiento anterior.

Por eso conviene registrar cada paso como parte de una historia más amplia, en lugar de limitarse a decir que el asteroide «regresó». La distancia, la fecha y los datos reunidos en cada ocasión son los que permiten evaluar la importancia del evento. En el caso de 2015 TB145, la diferencia entre las cerca de 300 mil millas de su paso en 2015 y los 24 millones de millas de 2018 deja claro que ambos acercamientos no fueron igual de próximos.

Por qué es importante detectar los asteroides a tiempo

La historia de este asteroide no demuestra que la Tierra estuviera en peligro; permite entender, más bien, algunos de los retos de la vigilancia. Un objeto puede detectarse semanas antes de su paso, como ocurrió en este caso, y luego se puede ampliar la información disponible con distintos instrumentos. El tiempo permite dirigir la atención hacia el asteroide y observar su movimiento, mientras que las imágenes de radar ayudan a pasar de saber que existe a conocer mejor su forma.

Las tres semanas que transcurrieron antes del paso no son una regla general para todos los objetos: corresponden al tiempo que pasó entre el descubrimiento de 2015 TB145 y su acercamiento. Pero hacen más concreta una pregunta importante: ¿qué pueden averiguar los astrónomos sobre un cuerpo que se acerca y cuánto tiempo tienen para reunir datos? Este ejemplo muestra que vigilar los objetos cercanos implica descubrirlos, determinar su trayectoria y mejorar la información sobre sus características.

El interés popular por la forma de calavera también puede servir para atraer la atención hacia un tema científico más amplio, siempre que la emoción no desplace los hechos. La fecha coincidió con Halloween y el aspecto resultó llamativo, pero son las cifras las que ponen el evento en perspectiva: una distancia segura en 2015, un descubrimiento tres semanas antes del paso, imágenes de radar obtenidas el día anterior y, más tarde, un acercamiento mucho más lejano en 2018.

Conclusión

2015 TB145 reunió varios elementos poco habituales en un mismo evento: pasó relativamente cerca de la Tierra el 31 de octubre de 2015, su forma en las imágenes de radar recordó a una calavera y su apodo quedó asociado con Halloween. Sin embargo, pasó a unas 300 mil millas, es decir, a 1,3 veces la distancia media a la Luna, sin representar un peligro. Fue descubierto en Hawái unas tres semanas antes de su paso y Arecibo reveló su aspecto en imágenes tomadas el día anterior.

La lección principal no es que debamos temer a un asteroide concreto, sino que es valioso observar el cielo de forma continua y mantener actualizados los registros de objetos cercanos a la Tierra. El asteroide volvió en noviembre de 2018, esta vez a unos 24 millones de millas, una muestra de cómo las condiciones pueden cambiar de un paso a otro. La historia del «asteroide de Halloween» recuerda que una apariencia inquietante puede corresponder a un evento seguro y que para entender los riesgos hacen falta observaciones cuidadosas y cifras claras, no solo comparaciones llamativas.